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Columna de opinión

Por Wenceslao Triana
septiembre 14/2007


El señor fríjol


Una de las ventajas más ventajosas de tener nietos es que uno puede acceder con ellos a lugares que de otro modo le estarían vedados. Como ocurre con los clubes prestigiosos, adonde sólo se llega si alguno de los socios se digna invitarnos, del mismo modo hay que contar con la aquiescencia de los niños para poder tener entrada en lugares donde suelen ocurrir las cosas divertidas y extraordinarias.


Si no fuera por mis nietos, por ejemplo, me sería imposible a estas alturas montar en un carrusel de caballitos, antojarme de golosinas y hasta pintarme la cara, cuando se me venga en gana. Gracias a su permisiva compañía puedo hacer ésas y otras cosas sin ser visto como un viejo loco o verde, sin sanciones de esos pobres que se encuentran atrapados en la triste vida adulta, con sus cosas "importantes" y sin gracia.


Creo haber dicho ya un par de veces que la buena literatura, la que nos mueve el piso, la que nos desbarata, suele ser silenciada poniéndole el rótulo de infantil. Ignoran los que ponen ese rótulo que llamar infantiles a esas obras es conferirles un honor descomunal. No hablo de la literatura dietética, sin azúcar y sin alma que hoy en día obligan a los niños a leer, para que le tomen fastidio a la lectura. Me refiero a esas obras maestras del vértigo, las Alicias de Carroll, las ballenas de Melville, los horrores de Poe o las sátiras de Swift. Hablo de esas obras que sólo pueden entender esas conciencias luminosas y recientes que saben que el mundo es un disparate monstruoso y milagroso que no cabe en la cabeza de un solo ser humano.


Igual ocurre con las películas infantiles. Gracias a la complicidad de mis descendientes, y al hecho inobjetable de que yo soy el que paga las entradas, puedo escurrirme invisible en los teatros y ver lo que de otro modo me estaría vedado. Así tuve la oportunidad hace unos días de ver una de las mejores películas que se han hecho en estos tiempos de refritos y de malas películas.


Al señor fríjol -Mister Bean- lo conozco desde hace muchos años. Fueron mis nietos quienes me lo presentaron, cuando hacía una serie de televisión, y desde el principio me encantó su mezcla de inocencia e impropiedad, sus muecas demenciales e hilarantes.


Puntuales y encrispetados vimos las dos películas anteriores, nos reímos demasiado, pero por más que nos reímos nunca llegamos a hacerlo del modo como lo hemos hecho con su última película: "Mister Bean's Holiday".


Con esta película -y pueden llamarme senil si se les antoja- el comediante ha alcanzado niveles sublimes. No recuerdo cuando fue la última vez que me reí de manera incontrolada, dolorosa, al borde casi del derrame o el infarto. También, como sólo ocurre en las buenas comedias, he vivido al mirarla momentos de verdadero sufrimiento, de dolor moral llevado casi al límite de la desesperación.


El señor fríjol es un personaje de una inocencia casi en los límites de la idiotez. Pero es también una ilustración de la idea de que Dios no desampara a sus criaturas; parece haber en torno a él toda una confabulación de la providencia para que se salga con la suya. En esta película, "la suya" es simple hasta la exasperación: el señor fríjol quiere conocer el Mediterráneo y se gana en una rifa un viaje a Cannes. Pero nada en el viaje sale bien o al menos como era de esperar. En esa cadena interminable de contratiempos radica el humor y la tragedia de esa historia que termina con el señor fríjol feliz entre las olas.


No pienso estropearles la película a los dos o tres lectores que se animen a verla. Quiero sólo decir que en medio de las risas y las lágrimas se me ocurrió pensar que estaba asistiendo a un momento memorable en la historia del cine, que estar allí viendo esa poderosa fábula moral -donde la vanidad y el egoísmo luchan contra la lealtad y la amistad- era sentir lo que tal vez sintieron los primeros espectadores de las películas de Chaplin, la sensación de que el mensaje de esa historia seguiría siendo válido mientras hubiera en el mundo seres humanos.


email: wenceslaotriana yahoo.com




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