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Columna de opinión

Por Wenceslao Triana
octubre 20/2006


No hay que matar a Bush


Espero que los organismos de inteligencia de aquí del País del Sueño sean lo suficientemente inteligentes para notar esas dos letras que aparecen en mi título justo antes de las palabras "hay que matar a Bush".


Sé que andan tan ocupados ejerciendo la inteligencia que a veces ocurren distracciones y por esto prefiero recordarles que cuando la "ene" y la "o" aparecen juntas forman la palabra "No", la cual, tremenda coincidencia, significa lo mismo en inglés y en español.


"No" significa... es tan difícil explicar la palabra "No" sin usar la palabra "No".


Es posible decir que se trata de una negación, que es un sonido rotundo que anula lo que tiene al frente, que es algo así como un poderoso campo magnético que invierte el sentido de todo aquello que tiene cerca. Pero queda la sensación de que la explicación habría sido más clara usando la palabra "No".


La palabra "No" parece venir incluida en nuestro software cuando nacemos, surge de un fruncimiento de la nariz y algo como un gesto de alejamiento, cuando no queremos más teta materna o más parientes gesticulando boberías y haciéndonos cosquillas.


La distancia entre dos frases, que sólo se diferencian por la presencia o ausencia de la palabra "No", es mucho más que dos letras; es más bien como la diferencia entre el día y la noche o entre el bien y el mal.


De manera que puesto a elegir entre las frases "Hay que matar a Bush" y la frase "No hay que matar a Bush", quiero que quede claro que me inclino por la segunda, es decir por aquella que empieza con la palabra "No", es decir la que apoya la idea de no matar a ese señor.


Escribo todo esto que parece simple y llana demencia senil a raíz de dos noticias que me han llegado en los últimos días.


La primera ocurrió en California, donde un grupo de inteligentes funcionarios del Departamento de Seguridad Interior llegaron a una escuela en Sacramento, interrumpieron una clase, preguntaron por la niña Julia Wilson, y le pidieron que los acompañara porque necesitaban interrogarla.


Julia tiene doce años y siempre fue una buena chica, sus amigos la definían como una persona "tranquila y tierna". Era conocido el orgullo con que mes tras mes ganaba el diploma que se le concede a los que sacan buenas notas, nunca se le vio metida en problemas, y por eso hubo asombro general.


Después del interrogatorio se supo que la chica tenía una página personal en "My Space" -aquí todo el mundo tiene página en "My Space" y los vínculos que se tejen son insospechados y la intimidad de las personas es un libro abierto-, que había puesto en esa página un collage de fotos con un cuchillo apuntando hacia el presidente de los norteamericanos y, debajo, la frase "Hay que matar a Bush".


Podría decir muchas cosas sobre "My Space" -es posible que otro día lo haga-, pero por lo pronto quiero concentrarme en la eficiencia de los organismos de seguridad, en su sentido de las prioridades y en lo bien invertidos que fueron los miles de dólares que le costó al gobierno del País del Sueño (y a su sistema educativo y a sus hospitales) dar con ese demonio disfrazado de niña tierna. La vida del líder fue salvada con tan oportuna intervención.


La otra historia es todavía mucho más heroica. Resulta que en Texas apareció un billete de un dólar en el que alguien había escrito -¡oh coincidencia!-: "Hay que matar a Bush". La verdad no me explico de donde le aparecen tantos enemigos a ese señor; a un árbol sin fruto no le tiran piedras. Pero de nuevo la oportuna intervención de los organismos de inteligencia, los recursos no escatimados y la indeclinable defensa de la libertad y la democracia, permitieron rastrear la trayectoria del billete hasta el estado de Nueva York y descubrir al malvado que había escrito esa sentencia abominable. George W. Bush, una vez más, se había salvado.


Ignoro cuánto dinero se invierte en la seguridad del presidente, pero creo que es una inversión justa y necesaria. No importa cuántas vidas se pierdan aquí y en todo el mundo, hay que conservarlo vivo y siendo Bush hasta que llegue a ser muy viejo.


No hay que matar a Bush. No veo por qué habría que librarlo de ser él por muchos años.



email: wenceslaotriana yahoo.com




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