Información

Columna de opinión

Por Wenceslao Triana
octubre 11/2006


La batalla


Si alguna pasión define al País del Sueño, si hay algo que puede ser señalado como un rasgo definitorio de la identidad nacional, es la obsesión por competir, por ser mejores los unos que los otros, generalmente en cosas por las que no vale la pena competir.


La gente compite con sus vecinos por la marca de carro, por el tamaño de la piscina, por la comodidad y la eficiencia de su podadora de césped. La gente pone a residir la imagen que tiene de sí misma -su frágil autoestima- en marcas de pantalones o zapatos, sin detenerse a considerar siquiera que se están convirtiendo en vallas ambulantes.


La gente corre desesperada a comprar el último cacharro de la moda (el ipod, el celular, el navegador satelital), porque no tenerlos significa la exclusión del reino de los que son, aquí donde tener se ha vuelto equivalente de vivir.


Los jóvenes, una de las partes más vulnerables de la gente, asumen obedientes los gestos de rebeldía que, supuestamente, los vuelven distintos y originales. Todos son iguales en su afán de querer ser originales y en la sumisión como reciben las propuestas de "rebeldía" que les presentan.


Los niños, por su parte, son el objetivo de poderosos aparatos ideológicos que intentan domesticarlos y entregarlos dóciles a las huestes del consumo. He visto en los parques niños que no juegan por miedo a ensuciar sus zapatos de marca. A veces, sus mismos padres son los cómplices del crimen, pues ellos mismos han sucumbido a la presión y les repiten a los niños: eres lo que vistes, si engordas no eres nadie.


Todos sueñan con ser ricos y famosos, pero ninguno piensa en una forma digna, o por lo menos meritoria, de adquirir esa fortuna. Todos están planeando la jugada maestra, la solución picaresca, que les permita vivir del esfuerzo de los demás, manipularlos y chantajearlos hasta donde la resistencia de los otros lo tolere.


Todos quieren ganarse la lotería o triunfar en un reality show o convertirse en "american idols" y pasar de la nada a la efímera gloria en unas pocas semanas, para disfrutar del placer de ser envidiados: uno de los pocos placeres que conocen.


Todos sueñan con el día en que tendrán tanto dinero que podrán mirar a los demás por encima del hombro y podrán decirse a sí mismos: "Soy más", porque ser más es la única forma de "ser" por estos lados.


Uno pensaría que las cosas son distintas entre la gente que estudia, pero es posible que allí la competencia sea más fiera y refinada.


Los estudios básicos tienen como función atrofiar cualquier vestigio de inteligencia que los niños hayan tenido cuando pequeños. El propósito implícito de la educación aquí es que la gente llegue a tenerle tanto fastidio a la lectura, a la escritura, al estudio, al cultivo de lo mejor de su humanidad, que las únicas metas en la vida sean cumplir dieciocho años para comprar cigarrillos y veintiuno para empezar a ser alcohólicos.


Nada cambia con la educación superior. Salvo el posible encuentro con amigos y profesores que produzcan efectos significativos, la gente seguirá adelante en su preparación para el cinismo.


A veces he sentido que he perdido la batalla que libero en el alma de mis nietos. He llegado a pensar que los mejor es darme por vencido, que no voy a poder darles la enseñanza que los redima.


Pero siempre aparece en mi ayuda alguna voz o un recuerdo.


He recordado en estos días la imagen gloriosa de Sócrates caminando por las calles del comercio y diciendo complacido: "¡Cuánto hay que no necesito!"


He recordado a mi padre diciéndome con tono de urgencia, poco antes de morirse: "Sólo hay un propósito que vale la pena: el de ser sabios... y rara vez se alcanza".


He escuchado a Alicia en el país de las maravillas diciendo que hay que seguir demostrando que "vale más el acorde de una guitarra que la guitarra, y que las hojas del otoño son mucho más que hojas que caen".


Y después de recordar y de escuchar he decidido que voy a seguir dando la batalla.


email: wenceslaotriana yahoo.com




Reforma tributaria 2007

enero 26/2007


Como todos los fines de año, el Gobierno, prepara un cúmulo de normas financieras, que aplican para el siguiente período, lo cual se traduce en nuevas cargas para los contribuyentes u obligados a reportes contables o fiscales , así , como a los contadores y revisores Fiscales.
Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa
...

Articulo completo...





Columnas de
Wenceslao Triana


15/02 La patria imbécil

8/02 magia del engliñol

1/02 La marcha atrás

25/01 De tetas y poesía

18/01 Feliz Año

Mostrar/Ocultar
Columnas de 2007


Mostrar/Ocultar
Columnas de 2006







REGISTRESE
¿Recuperar contraseña?