Columna de opinión
Por Wenceslao Triana
febrero 08/2006
Peregrinación a las fuentes
-¿Pasillo o ventana?
Decisiones, decisiones, decisiones. La vida está llena de pequeñas y de grandes decisiones: ¿pollo o carne?, ¿jugo o agua?, ¿café o té?, ¿perro o gata?, ¿Uribe o Uribe? Con el agravante de que nunca nos es dado vislumbrar la larga cadena de consecuencias que se activará en el momento en que optemos por lo uno o por lo otro.
A pesar de la prisa amable de la funcionaria de la aerolínea, levanté la cabeza al infinito y me puse a recordar mi otro y remoto viaje trasatlántico, la sensación de inmensidad cuando veía desde demasiado arriba aquel océano de aspecto inofensivo, cuando mis ojos se encontraron con ese majestuoso amanecer que le salió al encuentro a la aeronave. Luego bajé la mirada -los pasajeros que estaban detrás de mí empezaban a carraspear impacientes- y pensé por un momento en mi pobrecito cuerpo, saludable pero caprichoso, enfático y apurado cuando de evacuaciones se trataba.
Pensé también en las alternativas del azar: tal vez la vida me tuviera reservada una compañera de viaje hermosa y avispada, a quien seduciría con mi labia envolvente, durante aquellas horas que estaríamos confinados. Podía también tocarme al lado alguien insoportable, pero era mejor considerar la fantasía más agradable. Al final, después de sopesar candidaturas, llegué a una decisión: la chica hermosa y un sitio desde donde no tuviera que pedir demasiados permisos si tenía que salir.
Cuando empezaba a pronunciar la palabra pasillo, la funcionaria de la aerolínea sonrió sardónica y alargó hacia mí el pasabordo. Ya me había asignado una silla a sólo dos pasos del baño.
Me gustan los aeropuertos, ignoro las razones concretas, pero producen transformaciones en la gente, en cierto modo la liberan. Tal vez sea el hecho de que van a volar -o acaban de hacerlo- pero suelo notar en la gente que recorre los aeropuertos un cierto aire de superioridad. Cada uno de nosotros proyecta ante el mundo la tragicomedia de su personalidad. Cada uno dice con sus gestos: "aquí estoy, siendo esto y esto, vistiendo estos trajes que hablan de mi posición en la sociedad, llevando este reloj y estos gestos, que hablan de mis relaciones con el tiempo y con los otros, proyectando este aire de seguridad que habla de mis inseguridades".
Tal vez sea también el hecho de que viajar tiene siempre algo de lujo, de gesto poco rutinario, pero lo cierto es que los aeropuertos son lugares bonitos, donde la gente parece estar siempre contenta consigo misma.
Me gustan incluso las esperas, son una especie de tiempo por fuera del tiempo, uno no está yendo de la casa al trabajo o viceversa -al menos casi ninguno-, cualquiera que sea el motivo del viaje -salvo contadas excepciones: una emergencia familiar, por ejemplo-, viajar siempre tiene algo de vacaciones.
Como aun me quedaban dos horas para abordar el avión decidí recorrer el aeropuerto de Newark (en New Jersey) y despedirme en silencio del País del Sueño, el lugar donde han transcurrido los últimos años de mi vida. A pesar de que el viaje estaba previsto para durar sólo unas semanas, tenía la sensación de que me marchaba para siempre. Había incluso una cierta tristeza ante la idea de no volver a visitar esa abigarrada república bananera donde cada vez son más difusos los rasgos anglosajones.
-Sí - comprobé y me dije a mí mismo antes de apurarme hasta la puerta de embarque. -Español por todos lados.
Los sociólogos insisten en que Nueva York y buena parte de los Estados Unidos serán hispanos a mediados del siglo XXI, pero lo cierto es que ya lo son. Allí transcurre Latinoamérica. Allí se hablan todos los acentos y variedades idiomáticas. Allí se gesta, a velocidad de crucero, un nuevo siglo de oro -menos imperial, enriquecido por el sufrimiento- de la lengua que empezó en el lugar que yo me disponía a visitar.
Aquella fue la primera de muchas revelaciones que tuve durante aquel periplo: la de que peregrinaba hasta las fuentes del lenguaje, la única y verdadera patria que tenemos los humanos.
Reforma tributaria 2007
enero 26/2007
Como todos los fines de año, el Gobierno, prepara un cúmulo de normas financieras, que aplican para el siguiente período, lo cual se traduce en nuevas cargas para los contribuyentes u obligados a reportes contables o fiscales , así , como a los contadores y revisores Fiscales.
Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa...
Articulo completo...