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Columna de opinión

Por Wenceslao Triana
junio 21/2006


Cartagena


Aquí estoy, nuevamente, de regreso al lugar donde todo comenzó. Todo no, pero casi, porque un día de agosto, de hace ya trece años, fue aquí donde empecé a conversar con mis dos o tres lectores.


La vida ya era larga en aquel tiempo. Mil veces había llegado a pensar que estaba a punto de acabarse, que lo que tenía por delante era un achacoso etcétera, el lánguido epílogo de una vida con pocos heroísmos.


Pero este calor que invita a los delirios, esta ciudad sumergida donde es natural el despropósito, o el propósito desproporcionado, me abrieron un día las puertas de la palabra escrita, me pusieron, sin que yo me diera mucha cuenta al empezar, en la hermosa tarea de hablarle cada miércoles a una congregación anónima.


No he sido constante, no he sido ese amante hebdomadario que cumplía religiosamente con su compromiso, he tenido ausencias largas, silencios prolongados, pero los turnos al bate han sido suficientes para hacerme sentir que esto que he hecho, este hablar sobre todo, este opinar sobre lo humano y lo divino, ha justificado este largo final de la vida.


Aquí estoy, nuevamente, y siento que un nuevo círculo enorme de tiempo y distancia se cierra, para dar paso a otro de inmediato. Por pocos días vuelvo a respirar la humedad de este lugar que es el centro, destino y origen de todo lo que digo. Vuelvo a comprobar que la ciudad sigue tan peor como siempre, porque lo aguanta todo. Vuelvo a fascinarme ante su belleza a prueba de todo, la de sus escenarios naturales, la de su arquitectura y, la mejor de todas, la de su gente que sonríe siempre, que goza siempre, que vive siempre en un extraño día festivo que no acaba, que se prolonga, que ni siquiera los envejece.


Pero siento ya la sirena del barco que volverá a llevarme, que me arrastrará lejos de nuevo hasta horizontes gélidos, y vuelvo a hacerme las preguntas de siempre: ¿regresaré algún día?, ¿volveré a ver aquellos rostros que he visto?, ¿los que no he alcanzado a ver en la visita?


En menos de dos días dejaré de estar aquí y regresaré a ser un nostálgico que sueña con volver a la vieja ciudad de los crepúsculos, de los peces humanos, de los peces sonrisas, de los peces abrazos. Una criatura a la deriva que procura conservar en la piel la tibieza por fin ha reencontrada y de nuevo perdida.

email: wenceslaotriana yahoo.com




Reforma tributaria 2007

enero 26/2007


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Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa
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