Columna de opinión
Por Wenceslao Triana
mayo 24/2006
El subjuntivo
Hagamos una prueba. No es por ponerlos en ridículo. Confíen en mis buenas intenciones. Invito a mis lectores -en caso de que existan- a que definan el subjuntivo.
Para darle tiempo a aquellos que sí tomaron en serio sus clases de gramática, y para consolar a los que ya se han dado por vencidos, diré que yo viví casi ochenta años sin saber lo que era el subjuntivo, pero usándolo con pericia de académico.
Vine a hacerme consciente de sus usos y peculiaridades, de la filosofía que subyace en ese modo verbal, cuando me vine a vivir al País del Sueño y empecé a rebuscarme los dolaritos dando clases de español a los gringos realistas. Porque aunque el congreso quiera oficializar el inglés, más por miedo que por purismo, aquí el español es hace rato la lengua de la vida cotidiana.
Para empezar con la lección, debemos aclarar que el subjuntivo no es un tiempo verbal, como el presente o el pretérito, sino un modo, en relación de colegaje con otros modos como el imperativo y el indicativo.
El más común de esos modos, o al menos el que primero se enseña, es el indicativo. Para usar el verbo que más usaban los textos de gramática, la conjugación de los verbos terminados en 'ar', en el presente del indicativo, posee, en los verbos regulares, las siguientes terminaciones: amo, amas, ama, amamos, amáis, aman. Para los terminados en 'er' las terminaciones reproducen el modelo de comer: como, comes, come, comemos, coméis, comen. Para los terminados en 'ir", las terminaciones son casi iguales que las de los verbos en 'er', excepto en el nosotros, donde en lugar de 'emos' se pone 'imos', como en dormimos.
A diferencia del inglés, donde el subjuntivo no tiene conjugaciones específicas, y se elabora dando rodeos por el pretérito, el español se da el lujo de tener terminaciones específicas para ese modo verbal. Para los verbos terminados en 'ar', las terminaciones funcionan así: ame, ames, ame, amemos, améis, amen. Para los que terminan en 'er': coma, comas, coma, comamos, comáis, coman. Lo mismo para los verbos en 'ir' en todas sus formas, como vivir: viva, vivas, viva, vivamos, viváis, vivan.
Viendo las conjugaciones del párrafo anterior, ya la mayoría de los lectores habrán recordado la variedad de usos que tiene el subjuntivo. Puedo entonces, ahora sí, permitirme decir que el subjuntivo es el modo verbal de todo lo que no existe, el modo de los sueños, los temores, los deseos y las dudas, el modo de los fantasmas que habitan el pensamiento.
Uno de los usos más difundidos del subjuntivo es para expresar lo que queremos. Quiero que pienses antes de votar, espero que no te dejes meter el cuento del bravucón, ojalá tengas la mente clara cuando elijas, deseo que pienses bien lo que haces y no te dejes arrastrar por la propaganda nacionalista y por el estado de guerra inducido desde cuarteles de campañas. Usamos el subjuntivo también con las expresiones impersonales: es importante que los que piensan voten, es útil que alguien imparcial vigile la limpieza del proceso electoral, es recomendable que se denuncien todas las anomalías que se perciban.
Cuando queremos influir en los actos de alguien, ya sea con sugerencias o con órdenes, recurrimos sin pensarlo demasiado al subjuntivo: espero que no desaproveches esta oportunidad de cambiar la historia, te ordeno que despiertes del sueño en que te tienen los noticieros y los periódicos.
También cuando expresamos dudas o inexistencia resulta útil nuestro modo amigo: dudo que haya limpieza en todo el proceso o es imposible que Serpa gane.
Incluso cuando expresamos emociones: es triste que nos repitan la dosis.
Podríamos seguir internándonos en las profundidades de ese modo verbal, pero mejor me quedaré a las puertas de otra de sus maravillas: "el imperfecto del subjuntivo", un milagro verbal que además de tener dos variantes: el hispanoamericano "ara" y el españolísimo "ase", nos permite decir cosas tan complejas y profundas como ésta:
"Si no nos tuvieran el cerebro trabajado, no habría forma de que ese cafre ganara".
Y hasta sería posible que aquel que lo dijera no temiera por su vida.
email: wenceslaotriana yahoo.com
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