Columna de opinión
Por Alfonso Múnera
enero 25/2008
La película de comedia y de terror de Transcaribe
Leo sin asombro alguno las declaraciones recientes del señor Chartuni en el Concejo municipal. El distinguido gerente de Transcaribe ha dicho, como si se tratase de la cosa más natural del mundo, que los sobrecostos o los costos adicionales, como prefiere llamarlos la prensa local, al día de hoy ascienden a 200 mil millones de pesos, de los cuales la Nación se compromete a enviar la mitad. El Distrito deberá, me imagino, asumir los otros 100 mil millones. El Gobierno central sólo enviará su parte si nuestra alcaldesa aporta de entrada la suma de 45 mil millones de pesos.
Digo que leí sin que me causaran sorpresa alguna estas cifras, porque las barbaridades y los desaciertos alrededor de este macroproyecto han sido tan abundantes y tan públicos que cualquier cosa que esté pasando hoy o que pase mañana era apenas previsible. Lo era desde que el señor presidente vino a Cartagena a dar la orden tajante de que se iniciaran las actividades.
Ante una de las tantas crisis de Transcaribe, vividas sin tregua alguna, escribí el 26 de abril de 2006, es decir hace ya casi dos años, lo siguiente: "Así de sencilla fue la cosa. Sin respetar la opinión de nadie…el presidente dijo: echen para adelante, y echaron para adelante la obra más irresponsable, más improvisada y finalmente, claro, más injustificadamente costosa de que tenga memoria el Distrito. Sobra añadir que el Presidente pudo dar esa orden como Pedro en su casa porque no había alcalde ni la más ligera sombra de autoridad que protegiera los intereses de los cartageneros."
En noviembre de ese mismo año de 2006, el señor Chartuni, que hacía de nuevo gerente, declaró, de la misma manera que lo hizo hace unos pocos días, que la obra requería para su conclusión de unos 100 mil millones de pesos adicionales a lo presupuestado.
En aquel mes de noviembre escribí una columna que llamé "La amarga historia de Transcaribe", en la cual hacía las siguientes preguntas: "¿De dónde sacará el Distrito el dinero para cubrir los sobrecostos? ¿Comprometiendo por otros años más sus ingresos? Es decir, como sucede hoy, ¿resignándose a no tener un peso para invertir en educación, en salud, en vivienda, en vías, en los años por venir?"
Estas mismas preguntas habría que hacerlas otra vez, ahora que el señor Chartuni nos ha informado que en tan sólo un año los costos adicionales se treparon al doble, a la bicoca de 100 mil millones más.
En mayo de 2007 los sobrecostos iban ya por 145 mil millones de pesos. En ese momento, en otra columna titulada"Cuatro perlas", dije que "Al paso que vamos la inversión total de los cartageneros sobrepasará los 200 mil millones de pesos, si es que logramos ver terminado el bendito Transcaribe." Y de nuevo pregunté: "¿De dónde saldrá la plata?"
Un mes después volví a escribir sobre Transcaribe una columna que titulé "A veces es mejor reírse", a raíz del otro escándalo sobre los diseños errados del segundo tramo, y, refiriéndome a toda esta historia de errores y corrupciones, añadí que "no pasa sólo con Transcaribe. En realidad pasa con casi todo lo que siendo de envergadura es emprendido por las autoridades locales. Nada se termina bien, nada cuesta ni remotamente lo que se calculó al principio, y casi siempre los valores finales de la obra resultan abrumadoramente altos, sin que tampoco pase nada."
Hoy el valor adicional de Transcaribe va por 200 mil millones y no sé cuántos años de retraso. Tenemos nueva administración local, ¿cambiará algo? Por lo pronto el bueno de Chartuni sigue al frente intentando navegar en la tormenta. ¿A cuánto ascenderá el sobrecosto el próximo año?
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