Columna de opinión
Por Alfonso Múnera
septiembre 28/2007
Creer, a pesar de todo
Se acerca la fecha de las elecciones para elegir alcaldes, gobernadores, diputados y concejales y la sensación que queda es que pese a que parece haber acuerdo general en el propósito de que hay que extirpar la corrupción de las prácticas electorales, pese a que hay decenas de políticos presos y centenas investigados por posibles delitos, y pese a que todos los medios de comunicación han advertido acerca de las trampas y fraudes de los barones, nada evitará que el dinero corra a raudales y que la compra de votos en amplias zonas del país sea masiva, descarada y cínica como siempre. Mejor dicho, por lo que comenta la gente en las calles, ya está pasando y a la vista de todos.
Los políticos de renombre cambian de una semana a otra de bando, de modo que ayer aparecían sonrientes apoyando a un candidato y hoy aparecen sonrientes apoyando a otro; alianzas de toda especie van y vienen y el comentario general es que nada tienen que ver las ideas en estos cambios, ya que se trata de un simple asunto de negocios. ¿Y qué decir de los más jóvenes y de los menos conocidos, de los tenientes de barrio, de los candidatos a las JAL, y de los eternos candidatos al concejo que ponen siempre no más allá de unos cientos de votos? Tampoco existe aquí nada parecido a las lealtades de antaño. Impera ahora, a estos niveles, la compra y venta más descarada. Hay los que son honestos, por supuesto, pero, lamentablemente, da la impresión de que son una pequeña minoría.
En otras palabras, las elecciones se han convertido desde hace años en una gran feria de negocios, en una vulgar trapisonda que indigna, pero que ha terminado por provocar a su alrededor una peligrosa actitud de indiferencia entre la mayoría de los habitantes, quienes han terminado por recibir con profundo escepticismo el mensaje de los políticos. Francamente no sé cuántas personas se toman el tiempo para leer las propuestas de los candidatos que publica la prensa, pero me temo que no muchas, y que algunos de esos que las leen lo hacen por pura curiosidad, pero sin otorgarle mayor valor a las promesas que se repiten de una elección a otra.
Quizás el mejor aliado de los corruptos es este sentimiento de fastidio que han logrado inculcarle a la gente decente. Como muchos no quieren participar en la política, asqueados de tanta suciedad, entonces los políticos de siempre hacen su agosto. Sucede que cuando surgen candidatos buenos, serios, inteligentes y honrados, quedan atrapados en esta marea espesa de descreimiento general. Y entonces ese mismo escepticismo colectivo se vuelve el peor enemigo de las pocas y buenas alternativas que se presentan a la lid política.
Pese a que la corrupción es sin duda cada vez más grande y parece no acabarse nunca, tenemos que reaccionar. Tenemos que ser capaces de identificar a los candidatos de vida limpia que aspiran a las distintas corporaciones y a los cargos de alcalde y gobernador. Sí los hay. Y una vez que los identifiquemos tenemos que votar por ellos, apoyarlos con entusiasmo y ejercer con dignidad la condición de ciudadanos.
No hacerlo es volvernos cómplices de los bandidos, es admitir el crimen como una cosa normal que no nos conmueve, es admitir que Cartagena está condenada para siempre a la mediocridad que respira por sus cuatro costados. A las calles sucias y rotas, a la ausencia de buenas escuelas y de buenos hospitales, a la existencia de bibliotecas mediocres y, lo que es peor, a que nuestros hijos crezcan y se eduquen en esta clase de ciudad.
Por favor, identifique a los buenos candidatos y vote por ellos. No se deje derrotar por la corrupción.
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