Columna de opinión
Por Alfonso Múnera
enero 12/2007
Volver efectiva la protesta ciudadana
Para infortunio de los cartageneros, lo pronosticado por mí en la pasada columna se cumplió con creces: el ruido de los mega espectáculos de música electrónica se convirtió en una pesadilla para miles de vecinos de Torices, Getsemaní, San Diego, Cabrero y Marbella. Ante esta muestra de arrogancia y de irrespeto de las autoridades locales por el sentir de la opinión pública y por el bienestar de quienes habitan esta ciudad vale la pena que reflexionemos todos alrededor de las siguientes preguntas: ¿Por qué el Alcalde de Cartagena y sus funcionarios, pese a las previas y reiteradas advertencias de los medios de comunicación, y pese a los antecedentes calamitosos de pasados años, concedieron permiso a las rumbas electrónicas en el corazón mismo de la ciudad?
En otras palabras, ¿Por qué a sabiendas de que miles de cartageneros serían atrozmente perturbados en sus hogares y condenados a no dormir durantes noches enteras, el señor Alcalde y sus funcionarios concedieron licencia a unos espectáculos que, con la complicidad de ellos, violaron todas las reglas de la convivencia social, disposiciones del código de policía y claras normas reguladoras del medio ambiente?
Podría uno pensar que la respuesta a estas preguntas está en la personalidad de nuestro señor Alcalde. Creo, sin embargo, que nos quedaríamos en la superficie del problema con tal respuesta. En realidad, no se trata del señor Curí en particular, porque el asunto es mucho más grave. Barbaridades como la de otorgarle permiso a las rumbas electrónicas en sitios tan residenciales se han dado antes y se seguirán dando después de su mandato, si no reaccionamos, por la sencilla razón de que tales abusos reflejan no el talante de una persona, sino el modo de ser y de pensar de una clase política en total deterioro. De una clase política, que lo he dicho repetidamente, no puede, no debe, seguir gobernando esta ciudad.
¿Por qué digo lo anterior? Porque estoy convencido de lo siguiente: el clientelismo en sus formas más perversas, es decir, el hecho de que el medio de elección en Cartagena sea la compra abierta del voto, hace que la generalidad de los funcionarios actúen con la convicción de que ellos no están obligados a gobernar en función de la comunidad ni a respetar sus intereses. Actúan, en realidad, como socios de una gran empresa con ánimo de lucro: es decir para beneficio exclusivo del que apostó a su favor y de ellos mismos.
¿Y los cartageneros? ¿Qué significan ante "el poder de convicción" de, por ejemplo, las mega rumbas? Nada. "Business is business", y la política no es más que eso hoy día.
¿Queremos cambiar esta situación, que a todas luces está destruyendo la ciudad, la que les toca vivir a la inmensa mayoría de los cartageneros, pese a lo que se comenta en sentido contrario? Pues, entonces, tenemos que tomar el asunto en nuestras manos. Hacer lo que hicieron muchos de los habitantes del Cabrero, Torices y Getsemaní, en el sentido de expresar su protesta pública, y lo que van a hacer al demandar al distrito por daños y perjuicios morales.
Pero lo anterior no basta: ojala y el día de las elecciones en vez de quedarse viendo cómodamente un partido de béisbol en casa, se acuerde usted que si no vota, triunfarán otra vez los que compran el voto…y entonces, por favor, no se queje porque "business is business".
Nota aparte: mi profunda alegría por el rescate del ex ministro Fernando Araujo, mí reiterada condena a los terroristas de todos los pelambres y mis sinceras felicitaciones a sus padres y demás familiares.
Para comentarios de mis lectores he abierto el siguiente correo electrónico: munera arroba cartagenaenlinea punto com
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