Información

Columna de opinión

Por Alfonso Múnera
abril 20/2007


¡La culpa es de los manglares!



A los pobres mangles los han acusado de todo: patrocinadores de la suciedad, enemigos del progreso, cómplices de asesinatos, salvaguarda de ladrones y encubridores de otros delitos. Ante tamañas villanías, dicen los defensores de la modernidad, no hay otro remedio que el de acabar con ellos. Con el grito de ¡salvemos a la ciudad de los fundamentalistas del ambiente!, el señor alcalde, un señor Chávez, que en mala hora han puesto al frente de Cardique, y uno que otro funcionario más, que no vale la pena ni nombrarlos, arremetieron, sin la grandeza y sin los propósitos bondadosos del Quijote, no contra los molinos de viento, sino contra los desprotegidos manglares.


¿Cuántos kilómetros llevan arrasados, en lo que va de estos tres últimos años, pese a la magnífica oposición de Rafael Vergara? ¿Cuántas veces han violado la ley sin consecuencia alguna? Y, sobre todo, ¿cuántos kilómetros más tendrán que ser destruidos antes de que alguien detenga lo que Rafa llama, con justicia, el "ecocidio cartagenero"?


Difícilmente hay hoy una ciudad en Colombia en la que se invoque con tanta frecuencia la consigna del progreso como se suele hacer a diario en Cartagena. En su sagrado altar hay que sacrificarlo todo -reclaman quienes lo invocan- y ¡ay del que se atreva a oponerse a su marcha inevitable!


Una equivocada apreciación del progreso ha llevado a las élites cartageneras, a lo largo de su historia reciente, a cometer toda clase de dramáticas equivocaciones. Todavía hasta las primeras décadas del siglo XX se coqueteaba con la idea de tumbar las murallas, y lograron incluso echar al suelo un par de tramos grandes; si no acabaron con lo que afortunadamente quedó fue gracias a la pobreza misma de la ciudad. No lo digo con el ánimo de criticar a quienes lo hicieron en una época en la que poco o nada se hablaba todavía de patrimonio monumental. Lo menciono para dejar testimonio de cuantas barbaridades, de las que luego no vale arrepentirse, se pueden cometer en nombre del progreso.


Los errores han sido numerosos en busca de una modernidad mal entendida, y quizás uno de los peores ha sido la forma salvaje e indiscriminada como se acabó con la vegetación de la ciudad. Casi no va quedando un arbolito de nada y, en vez de reforestar, el deporte principal de las autoridades es deforestar sin planeación alguna.


El episodio del Cabrero es apenas el último de una cadena de desafueros contra el medio ambiente, basado, y esto es lo más grave, en la vieja idea del progreso que no comparte ya nadie medianamente ilustrado en el mundo de hoy. Mientras el Banco Mundial elabora un código de buena conducta para el manejo de los mangles e impulsa un programa de siembras en Vietnam, mientras los japoneses premian a sus ciudadanos con dinero por volverlos a sembrar en sus litorales y aguas interiores, y mientras el periódico El tiempo produjo hace apenas una semana un editorial advirtiendo sobre el efecto del calentamiento global en sitios como Cartagena, aquí todavía hay quienes festejan su destrucción masiva pretendiendo ignorar las inmensas bondades de su conservación.


Los vecinos del Cabrero, además, no deberían llamarse a engaño. En cualquier ciudad de los Estados Unidos la gente paga hoy oro por vivir en lugares alejados de las carreteras y protegidos por los bosques. Pues bien, a ustedes les están destruyendo un bosque que genera oxígeno, que le da vida a muchas especies y que preserva la tranquilidad, por una carretera de cemento innecesaria, que será el lugar preferido de tránsito de los buses que no podrán entrar al centro, que producirá mucha contaminación y un ruido que alcanzará proporciones de pesadilla. A cambio, claro, les harán un paseo bonito: como los de Miami.






Reforma tributaria 2007

enero 26/2007


Como todos los fines de año, el Gobierno, prepara un cúmulo de normas financieras, que aplican para el siguiente período, lo cual se traduce en nuevas cargas para los contribuyentes u obligados a reportes contables o fiscales , así , como a los contadores y revisores Fiscales.
Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa
...

Articulo completo...


Columnas de
Alfonso Múnera


15/02 Obama
08/02 Emery y Susana
01/02 Las sillas vacías
25/01 terror de Transcaribe
18/01 El asunto Chávez
11/01 Turismo y conocimiento
04/01 La raza paisa

Mostrar/Ocultar
Columnas de 2007


Mostrar/Ocultar
Columnas de 2006