Columna de opinión
Por Alfonso Múnera
octubre 20/2006
El despelote local
Nada parece conmover a la burocracia local ni, por supuesto, modificar en sustancia su insuperable mediocridad. Lea usted con atención la prensa de las dos últimas semanas y observará, que al igual que en el pasado, la ciudad parece una nave sin control, y lo que es peor, sin una ruta definida.
¿Quién toma las decisiones? ¿Por qué se toman? ¿Cuánto le cuestan a la ciudad? Son preguntas que en muchas ocasiones se quedan sin respuestas. La improvisación, nuestra fabulosa capacidad para improvisar, define el rumbo que hay que tomar a cada instante, sin que nadie esté en posesión de una información adecuada sobre lo que afecta nuestra vida diaria: ni sobre el planeamiento urbano, la salud, la vivienda, ni nada.
Los ejemplos abundan. Son tan numerosos como las decisiones que se toman a diario. Veamos algunos: llegaron las lluvias, las aterradoras lluvias. Todos sabíamos desde meses atrás que este año las cosas iban a ser más complicadas debido al fenómeno atmosférico del Niño, y sin embargo a nadie pareció preocuparle las consecuencias previsibles de las nuevas inundaciones y derrumbes de viviendas.
No es sólo que a estas alturas el Distrito esté pagando cerca de 200 millones de pesos anuales en subsidios de arriendo para los afectados por las lluvias pasadas, sino que tres años después de las inundaciones de noviembre de 2003, el terreno para el proyecto de vivienda Flor del Campo se encuentra cubierto de monte. ¿Cómo es posible que 36 meses no hayan sido suficientes para poner el primer ladrillo, para siquiera tener el terreno limpio? Pues bien, tres años sin solucionar nada, y apenas se derrumban 12 viviendas como consecuencia del último aguacero, el director de Corvivienda corre a decirnos que en diciembre, o sea en dos meses, estarán listas las primeras 210 viviendas. ¿Cuánta falta de seriedad, verdad? Prefiero ni hablar, por ahora, del otro célebre proyecto llamado Colombiatón.
Transcaribe y el despelote del tráfico interno de la ciudad. Qué importa que pongan al señor Chartuni al frente de esta infortunada obra, en la que todos los errores e improvisaciones se han cometido, para perjuicio de los pobres cartageneros. ¿Sabe alguien en la Alcaldía cuándo se va a terminar esta obra? ¿Saben siquiera cuándo concluirá el pequeño tramo del Centro?
¿Conoce ya el director del Dadis qué fue lo que sucedió con los 60 mil registros fantasmas del Sisben que se pagaron durante 8 años seguidos? ¿Recuperará el dinero perdido la Alcaldía? Es curioso el silencio que parece rodear este asunto. Ni una palabra más se ha dicho sobre el particular.
¿Y qué tal las decisiones recientes sobre nuestro martirizado Centro Histórico? Se anuncia con bombos y platillos que se tomarán medidas de fondo, y la primera que se toma es la a todas luces absurda de abrir las calles destinadas a los peatones. ¿A quién se le ocurrió? ¿Con base en qué? ¡Vaya usted a saber! Mientras, la basura y la suciedad se apoderan de las calles coloniales, ¡caramba!, y ni siquiera esto se puede remediar, pese a que el viejo Centro se supone que es la niña de los ojos del empresariado cartagenero.
¿Tienen ustedes alguna idea de cuántas veces se han rellenado los huecos de la avenida Santander? ¿Cuánto le ha costado al Distrito en los últimos años este rellenar y rellenar? Estoy seguro que ni siquiera el alcalde Curi lo sabe. Por la sencilla razón de que el problema más grave y quizás el más dramático es que nadie sabe nada porque no existe un sistema de información en la Alcaldía. Allí cada quien hace lo que puede e improvisa como puede. Y lo mismo hará el alcalde que venga llámese como se llame si este problema radical no se resuelve.
Es imposible planear sin un buen sistema de información…y claro imposible también controlar la corrupción.
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