Columna de opinión
Por Alfonso Múnera
agosto 9/2006
El Nuevo orden Internacional
En un mes y dos días el mundo cumplirá cinco años de haber presenciado atónito las imágenes que la televisión mostraba una y otra vez de los aviones estrellándose con su carga humana contra las torres del World Trade Center. Primero fue la sorpresa y después el terror. La brutal caída de uno de los símbolos del poder del gran imperio y los miles de muertos quemados por el fuego o aplastados o asfixiados o simplemente lanzados desde las alturas por la histeria del miedo.
Pues bien, esas escenas escalofriantes fueron de cierta forma el origen de uno de los cambios más profundos acaecidos en la cultura política del occidente. El orden internacional tan frágilmente construido, con su apariencia de democracia consensual y de normas colectivas, estalló en pedazos y el imperio con sus heridas abiertas miró hacía el pasado y encontró en sus viejos mitos del oeste la legitimidad que necesitaba para enfrentar al enemigo universal, llamado ahora terrorismo.
Como en los tiempos del Llanero Solitario y de Billy the Kid juró venganza, declaró solemnemente que "quienes están conmigo son mis amigos, y quienes no mis enemigos", ignoró a las Naciones Unidas y llevó la guerra al Oriente, guerra en la que se han violado y se siguen violando todas y cada una de las viejas normas del derecho internacional humanitario, además de principios básicos de la civilización occidental.
Primero fue Afganistán. Kabul destruido en medio de la persecución contra los talibanes y el país en ruinas, ahora produciendo más heroína que nunca. Después sería Irak. El infierno que no acaba. Bagdad destruida, cientos de miles de muertos, bombas asesinas a lo largo y ancho de su territorio, y sin que nada parezca indicarnos que la paz volverá pronto a su territorio. Casi enseguida los asesinatos selectivos en territorio palestino, el encarcelamiento de talibanes en campos de concentración en Guantánamo, sin derecho a la defensa y sometidos a toda clase de vejámenes, y las torturas escandalosas e infamantes de las cárceles iraníes, y su posterior justificación. Ahora contemplamos la destrucción del Líbano por parte de Israel. El asesinato indiscriminado de mujeres y niños mediante bombardeos contra la población civil, y la enloquecida respuesta de Hezbolá contra los poblados israelíes, en una espiral de muerte que no presagia sino más odio y más crímenes.
A todo lo anterior se le llama "el nuevo orden mundial". Orden cuya pretensión es retroceder a la humanidad a la vida y los valores imperantes en los tiempos en que turbas enloquecidas de bárbaros inauguraron el medioevo, a los días de la ley del más fuerte y del desprecio de la vida. Y es muy curioso que esto pase en medio de la sofisticación alcanzada por las ciencias naturales, por los nuevos desarrollos del pensamiento social y de los estudios culturales, y en medio del refinamiento de las costumbres de las grandes capitales, con sus civilizadas discusiones sobre el matrimonio de homosexuales y los derechos de las minorías étnicas, de las mujeres y de los niños.
Es como si viviéramos en dos mundos al mismo tiempo, ambos con espacios en la televisión y con las representaciones diarias de sus extremos: el del glamour de las altivas ciudades del occidente, con sus atmósferas delicadamente femeninas, y el de la guerra brutal con sus olores pútridos, propio por ahora de las lejanas tierras orientales y africanas. Sin embargo, para otros países, como el nuestro, está reservado el privilegio de vivir ambas cosas: el brillo de la zona rosa bogotana o del centro colonial cartagenero y las peores formas de la barbarie organizada.
¡Caricatura terrible la civilización del nuevo siglo!
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