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Columna de opinión

Por Alfonso Múnera
julio 26/2006


Las cifras de la Salud


Dos años después de haber estallado la crisis hospitalaria en Cartagena, que dio triste fama al atroz "paseo de la muerte", dos años después de haberse escrito cientos de artículos sobre el particular, dos años después de percibirse a diario una evidente indiferencia, perversidad o incapacidad del gobierno nacional y de las autoridades locales para encontrar aún el más irrisorio de los paliativos, dos años después de contar los enfermos que se mueren por falta de atención en los hospitales o simplemente en una ambulancia sin destino, la situación no sólo no ha mejorado sino que ha empeorado, a juzgar por las declaraciones recientes del director del DADIS, y sin que haya faltado a veces lo que al parecer es propio de nosotros: la bufonería y la caricatura.


Dice el doctor Algio de León en sus muy reveladoras declaraciones a la prensa que "aunque de este año no debemos cuentas, el presupuesto que nos aprobaron es deficitario y no tenemos recursos para septiembre. Requerimos de unos 9.000 millones de pesos más para terminar el año… Del 2003 y el 2004, la deuda acumulada llega a 2.000 millones. La mayor parte es del 2005. Solo de ese año se deben 16.000 millones de pesos. Con intereses sobrepasa los 24.000 millones de pesos."


Con las cifras anteriores estamos apenas ante la punta del iceberg Ante la primera estadística contundente de la dimensión de los oscuros manejos de los dineros de la salud. Muchas preguntas siguen sin responder, y yo diría que las más importantes. Por ejemplo: sabemos finalmente que además de los multimillonarios dineros que se gastaron de las transferencias de la nación, en el sólo año 2005 la deuda ascendió a 16 mil millones de pesos.
Preguntas para comenzar:
¿Cómo se gastaron esas enormes sumas?
¿Cuántas tajadas de ese prodigioso pastel les correspondieron a las llamadas clínicas de garaje?
¿Cómo esta repartida la deuda, y cuál es su razón de ser?
¿Por qué no alcanzan las transferencias de la nación?
¿En qué clínicas se invirtieron los dineros que llegaron, y, claro, la pregunta del millón, quiénes son los dueños reales de esas clínicas?
¿Cuál es el papel de los políticos en esta danza de los millones?


Tantas preguntas sin respuestas. Y mientras, el sistema hospitalario público sigue deteriorándose. El hospital San Pablo al borde de la liquidación en una lenta y penosa agonía. La Clínica Enrique de la Vega en medio de un futuro incierto, debatiéndose en conflictos laborales, y a punto de ser privatizada, sin que nadie pueda prever su futuro, excepto que el gobierno nacional dejará de responder por su destino. Y el Hospital Universitario…la bufonería y la caricatura de su apertura.


Como era previsible, la inauguración del Hospital Universitario, con el propósito de servir a las urgencias de los juegos centroamericanos, terminó en un acto caricaturesco, en el que en realidad no se inauguró nada ni se abrió nada. Hoy sabemos que el hospital sigue cerrado y que no hay claridad sobre muchas cosas. Una entre otras debería preocupar a la Universidad de Cartagena: pese a que esta institución es la dueña del edificio, y a que, además, ha entregado ya la suma de 4.000 millones de pesos, seguimos sin saber cuál va ser exactamente su papel ni como se va a dar la vinculación de sus profesores de tiempo completo y sus estudiantes residentes, teniendo en cuenta que las unidades más importantes del hospital, sino todas, serán contratadas con la empresa privada. Pero esos son tan sólo unos entre tantos otros interrogantes. Y, en medio de tantas deudas, ¿que parte del ponqué de las transferencias de salud le tocará a este hospital?


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