Columna de opinión
Por Héctor Hernández Ayazo
enero 11/2008
Necesidad de Buenos ciudadanos
Cartagena es pobre en parques y zonas verdes. Para colmo, esas zonas verdes, en veces en los barrios de alta estratificación, tienen un uso contrario a la higiene y a la decencia.
Es lamentable el caso de Manga y su paseo peatonal. En apariencias es un lugar llamativo para deambular y contemplar la belleza de nuestra bahía. El prado parecería destinado a solaz de los niños. Algunos de sus habitantes han decidido otra cosa. Han creído que es mejor destinarlo a retrete de perros.
Sin pudicia ninguna, damas y caballeros sacan a supuestos paseos a sus perros para que en el prado hagan sus deposiciones. Llenan de inmundicia la zona verde que está destinada a juego de los niños.
El hecho es un síntoma bien grave. Acusa la falta de civismo, de respeto por los demás y de autoestima de nuestros estratos elevados. Revela un desprecio por los demás prójimos, en especial por la infancia. Más vale la comodidad propia y el interés del perro, que la salud y la diversión de los niños.
Pone de presente además que los habitantes de los estratos altos no son modelo de respeto por la higiene y de interés por el ornato y la buena conservación de los bienes públicos de su entorno.
Desde luego, es imposible evitar la pregunta: ¿si esto hacen quienes habitan en estrato 5 o 6, gozan de calles pavimentadas, alcantarillado y recolección de basuras, qué puede esperarse de quienes están en estrato 1 y 2, donde el aseo público está ausente?
El espectáculo es degradante. No por cotidiano y multiplicado deja de ser exponente de una sociedad que ha perdido el pudor ante las conductas vergonzosas.
Luego, con el mayor desparpajo, a esos mismos dueños de perros los escuchamos protestar porque al llegar las fiestas de La Candelaria, los caballos en la zona contigua de ese paseo peatonal dejen abundancia de estiércol.
Con malos ciudadanos es remoto construir una buena sociedad. Una ciudad culta y bien presentada requiere buenos ciudadanos, es decir personas que sepan vivir en sociedad porque estén dispuestas a respetar los derechos y la dignidad de los demás habitantes.
Como este, abundan casos. En la puerta de los colegios de los escolares que habitan en los estratos elevados se forma un caos a la hora de llegada y salida de los estudiantes. Sus padres, presuntos dirigentes de la ciudad, son incapaces de respetar las normas de conducción y estacionamiento, como tampoco el derecho de los demás a transitar. En cualquier forma se agolpan y detienen para ocupar la posición más cómoda para dejar o recoger a sus hijos.
En lugar de apresurados catálogos de obras que no han de realizarse, los planes de desarrollo de la ciudad y los planes de los alcaldes debieran proponerse una meta fundamental: formar buenos ciudadanos. Claro que para ello se necesita que alcaldes y gobernadores, diputados y concejales, magistrados y jueces, maestros y alcaldes, sean buenos ciudadanos. Si no, ¿quién forma a quién?
De seguro que buenos ciudadanos no podrían ser malos gobernantes.
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