Columna de opinión
Por Héctor Hernández Ayazo
diciembre 7/2007
La conmoción ante el crimen
Dignas de reflexión profunda me parecen las reacciones surgidas después de conocidos los vídeos que muestran la degradada situación en que son mantenidos los secuestrados por las FARC y la correspondencia enviada por ellos.
Predomina el sentimiento de horror y el clamor por su inmediata liberación. En su mayor parte, la mayoría de las gentes, con los familiares de los secuestrados a la cabeza, vuelven sus ojos al gobierno colombiano y, en algunos casos casi con odio, reclaman que se acceda a cuanto pidan las FARC a cambio de obtener la liberación de los secuestrados.
Me parece una reacción cargada de emotividad y pobre en reflexión. Pareciera que las gentes, nacionales o extranjeras, perdieran de vista que los secuestrados lo están, no por rechazo de las FARC al gobierno de Álvaro Uribe Vélez, sino por su guerra al sistema político y social que nos rige. Muchos de estos secuestrados lo están desde antes de arribar Álvaro Uribe Vélez a la presidencia. Ni siquiera el prolongado despeje del Caguán logró que las FARC liberaran a los secuestrados.
Entonces, situando los hechos en su debido contexto, podemos decir que la guerra de las FARC es contra el régimen, cualquiera que sea el Presidente de Colombia, y que la guerrilla no tiene planeado cejar en sus afanes belicosos mientras subsista el régimen vigente.
Así las cosas, la guerra es contra la sociedad democrática que mantiene el régimen, que escogió constituyentes en 1990 para que redactaran una nueva Constitución que fue mirada como un "nuevo pacto político" que abría las puertas para que toda clase de insurgentes armados y discrepantes desarmados pudieran, con garantías adecuadas, participar en las urnas en la lucha por el poder político. La misma sociedad democrática que eligió a Samper, a Pastrana, a Uribe, a los actuales congresistas, a las autoridades regionales actuales y a las próximas.
La guerra es contra el sistema y lo que hay que defender frente a las FARC es el sistema democrático y de libertad económica que nos rige.
Me llama la atención que la mayoría de las gentes no se oriente hacia una encendida condena a las FARC por cuanto ninguna clase de ideales justifican los crímenes que está cometiendo contra los secuestrados, sino que en su lugar se lance contra el Gobierno para culpar a éste de responsable del triste estado de los secuestrados por no ceder ante las exigencias de la guerrilla.
La compasión de las gentes se dirige a buscar como solución que la sociedad colombiana cierre los ojos y pague cualquier precio a cambio de que cese la tragedia de los secuestrados. Es decir, no miremos la responsabilidad de los secuestradores sino aceptemos sus demandas, pues de no hacerlo el Presidente, se convierte en el culpable de los horrores que sufren los secuestrados.
En ese orden de ideas, invertimos la responsabilidad. El culpable del padecimiento y muerte del prójimo no es quien lo secuestra, lo mantiene en horribles condiciones y lo lleva a la extinción de su vida, sino quien se abstiene de aceptar las exigencias de los insurgentes secuestradores.
De allí que la propuesta que parece predominante es la levantarnos todos contra el Gobierno para que satisfaga las exigencias de la guerrilla.
Si se atiende ese clamor el país quedará en el futuro sin argumento para rechazar cualquier exigencia de los insurgentes y en ese camino la sociedad entregará sus valores y principios.
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