Información

Columna de opinión

Por Héctor Hernández Ayazo
febrero 15/2006


Torturas y secreto


Grave, muy grave, el episodio de las torturas en el Ejército a 21 soldados, hecho que se destapó en estos días por informaciones periodísticas. Peor si se intentó mantenerlo en sigilo.


Tiene razón el presidente Uribe al hacer pública su indignación por ese acontecimiento y por su ocultamiento o, cuando menos, falta de diligencia en darlo a conocer a la sociedad colombiana.


Ni las torturas a los soldados ni el ocultamiento de la información tienen justificación. Los altos mandos militares dicen que tomaron medidas inmediatas para sancionar los hechos incorrectos y que están en curso investigaciones cuya eficacia se garantiza con la suspensión en funciones de la línea de mando inmiscuida en el tenebroso asunto. Esa conducta demuestra que no cohonestan el mal comportamiento de sus inferiores, mas no alcanza a tranquilizar a la opinión en torno al silencio guardado durante largos días, silencio tan severo que impidió que el propio Presidente de los colombianos, comandante general de las fuerzas armadas por mandato constitucional, fuese oportuno sabedor de lo que había acontecido y de las medidas que se estaban tomando para sancionar a los culpables e impedir la repetición de los hechos. Si al Presidente sus subalternos no le dicen la verdad, o no se la dicen completa o se la ocultan, ¿qué podemos esperar los simples ciudadanos?


La crisis de creencia que hoy invade a la sociedad colombiana se nutre de esa crisis de verdad en los entes oficiales. Las gentes tienen poca confianza en lo que dicen sus gobernantes y, en general, los empleados públicos. Nos hemos acostumbrado a que presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes, magistrados y demás empleados digan mentiras, finjan ignorar hechos o los distorsionen. En lo grande tanto como en lo pequeño, en lo nacional lo mismo que en lo regional y local, el descreimiento ante los actos y expresiones de la autoridad es comportamiento corriente. Las gentes buscan explicaciones subalternas distintas a la justicia para los fallos de las cortes y jueces, le atribuyen motivaciones distintas a las declaradas a los actos del ejecutivo, reciben con escepticismo cuanto dicen los congresistas, dudan de las protestas de imparcialidad manifestadas por registradores y consejos electorales, no creen en las investigaciones exhaustivas de fiscalías, procuradurías y contralorías, en fin, hoy las autoridades están envueltas en un ambiente de desconfianza. Para colmo, en muchos casos su comportamiento no invita a aceptar como cierto lo que ellas dicen.


La falta de gobernabilidad en todos los niveles del país tiene bastante respaldo en esa ausencia de confiabilidad en los dichos de los gobernantes, pues esa falta de confiabilidad se traduce en una constante deslegitimación de la autoridad. La extendida convicción de que las licitaciones se amañan, de que se realizan contratos sin necesidad real y cuyo objeto no se cumple, de que los precios que los entes estatales pagan son superiores a los reales, de que se buscan aparentes destinatarios para disfrazar la llegada de dineros públicos a los bolsillos de los gobernantes, de que la intriga reemplaza los méritos, de que el poder se ejercita para favorecer o perjudicar a alguien con olvido del bien común, etc. etc., se refuerzan cuando las gentes confirman que hasta al Presidente se le oculta la verdad.


La confianza en las autoridades se reconquista con transparencia, que no consiste en gritar a toda hora que un funcionario obra con transparencia. Ésta consiste en que todos los actos del funcionario estén expuestos al escrutinio de las gentes, en que no haya secretos ni dificultades para conocer los hechos tal como son, en que no se intente con propaganda disfrazada de información deformar los acontecimientos, y, fundamentalmente, en que los funcionarios nunca mientan.

Este lamentable y tenebroso hecho de las torturas escondidas a la opinión debería servir para que desde el pináculo del poder se adopte el compromiso de decir siempre y con prontitud la verdad. Cuando exista transparencia total se recuperará la gobernabilidad y comenzaremos a gozar de verdadera democracia.




Reforma tributaria 2007

enero 26/2007


Como todos los fines de año, el Gobierno, prepara un cúmulo de normas financieras, que aplican para el siguiente período, lo cual se traduce en nuevas cargas para los contribuyentes u obligados a reportes contables o fiscales , así , como a los contadores y revisores Fiscales.
Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa
...

Articulo completo...



Columnas de
Héctor Hernández A.


11/01 Necesidad de Buenos...

Mostrar/Ocultar
Columnas de 2007


Mostrar/Ocultar
Columnas de 2006







REGISTRESE
¿Recuperar contraseña?