Columna de opinión
Por Héctor Hernández Ayazo
diciembre 15/2006
La necesidad de la vida recatada de los funcionarios
Giorgio Sale, en apariencias un simple italiano comerciante de vinos y de ropas importadas, se hizo contertulio frecuente de las altas figuras de la justicia colombiana. En forma difícil de entender para los profanos, este personaje aparecía en disímiles lugares donde concurrieran los magistrados de las altas cortes. Sincelejo, Bogotá, Santa Marta, Barranquilla, Valledupar, Cartagena, Ibagué, son algunas de las ciudades que se mencionan como en que el comerciante italiano aparecía y departía con magistrados. Al parecer, era igual que se tratara de un desfile de carnaval o de la clausura de una jornada de reflexión de los jueces administrativos: allí estaba el generoso y amable comerciante italiano.
Es ostensible, por lo explicado por algunos magistrados, que el comerciante italiano se ingenió métodos para ser más asiduo contertulio de los altos magistrados que cualquier juez, fiscal, abogado litigante o profesor de derecho. Es incuestionable que a un magistrado, por alta que sea su investidura, no se le puede pedir que adivine las torcidas intenciones de quien lo saluda, lo invita a tomarse unos vinos o le brinda una comida. Es incuestionable que los altos magistrados están obligados a practicar la cortesía como todo buen funcionario y no pueden ser altivos o desdeñosos con los ciudadanos que les brindan un saludo. Menos en sitios públicos y en eventos públicos.
Empero, sin dejar de dudar un instante que el zalamero italiano, con bien definidas segundas intenciones, engañó a los altos magistrados, como engañó a casi todos los colombianos, que lo tuvimos como un comerciante corriente, justo es que sobre el punto se hagan algunas reflexiones en torno al asunto.
La pregunta de muchos, qué hacía este hombre en reuniones organizadas para gentes de la justicia y el derecho, no es impertinente. Su respuesta clara está en las prácticas inconvenientes que se han puesto de moda en Colombia en todas las áreas del servicio público. Por una parte, se organiza injustificado número de eventos de realización costosa que colocan a los organizadores en el predicamento de pedir, implorar y mendigar patrocinios. En lugar de la austeridad académica, predomina en esos eventos hoy son una sucesión de actos sociales que cuestan dinero. Allí aparece el patrocinador, de veras o en apariencias desprendido, que colabora para esta o aquél congreso. Allí aparece el que asume el pago de la comida, de la música, de los pasajes de algunos invitados, del hotel de los otros y así sucesivamente. Desde luego, a esos generosos personajes no puede dejar de invitárseles y, luego, en el escenario respectivo depararles sitio prominente para que las cabezas del evento o los homenajeados sepan quiénes han sido las almas piadosas de bolsillo fácil que han colaborado para el éxito del certamen.
A esa práctica vitanda, se suma el afán de vida social visible que se ha despertado en las gentes en Colombia. Aparecer en los diarios o en la televisión en una corrida de toros al igual que en un aguinaldo de niño pobre, o en la comida que brinda un comerciante, se volvió una manía. La vida recatada dejó de ser la conducta deseable de los altos funcionarios en todos los órdenes del estamento oficial. Son muy invitados y suelen desear ser invitados a todo, para ser personajes en todo. Se emula con las gentes de la farándula.
El episodio del comerciante italiano crea un momento propicio para un sereno análisis y una rectificación importante. Los magistrados, de cualquier estatura, lo mismo que todos los funcionarios del estado deben procurar una vida discreta, alejarse de agasajos de desconocidos y recordar que la función pública puede ser transparente sin exhibicionismo social de quienes la ejercen.
De la misma guisa, los funcionarios de todas las ramas deben abandonar la viciosa costumbre de estar organizando eventos en que luego requieren dádivas de particulares.
No hay que olvidar que toda dádiva y todo homenaje atrae el agradecimiento. Y cuando se desempeñan funciones públicas, los agradecimientos debidos a personas inescrupulosas pueden ser pedidos en actos oficiales. Lo que sin duda estaría en la mira del comerciante italiano, así no lo supieran los incautos destinatarios de sus atenciones.
Reforma tributaria 2007
enero 26/2007
Como todos los fines de año, el Gobierno, prepara un cúmulo de normas financieras, que aplican para el siguiente período, lo cual se traduce en nuevas cargas para los contribuyentes u obligados a reportes contables o fiscales , así , como a los contadores y revisores Fiscales.
Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa...
Articulo completo...