Columna de opinión
Por Héctor Hernández Ayazo
agosto 16/2006
La crisis del Seguro Social
Otra vez las debilidades del Instituto de Seguros Sociales constituyen noticia. Otra vez salta el Instituto al primer plano de las preocupaciones del Gobierno Nacional y de los colombianos.
El ISS lleva más de cincuenta años de existencia y desde cuando nació su viabilidad estaba en entredicho a menos que recibiera constantes y crecientes inyecciones de recursos frescos por parte del Gobierno Nacional.
El ISS había puesto en evidencia sus fallas estructurales en materia económica desde mucho antes de empezar a concebirse la famosa Ley 100. La crisis comenzó a ser permanente desde cuando se pagó la primera pensión y quedó en claro que el acumulado de los aportes o cotizaciones de los trabajadores más sus rendimientos financieros no generan el capital requerido para producir los valores que se deben pagar a los pensionados.
La Ley 100, lejos de debilitar al ISS en materia pensional, le introdujo serios alivios como pasar la exigencia de cotización de 500 a 1000 semanas para obtener la pensión, dejando un régimen de transición para quienes en el momento de entrar a regir la ley (año 1993) tenían edad de 35 o más años siendo mujeres o de 40 o más años siendo hombres, o más de 15 años de cotización cualquiera que fuera la edad o el sexo. Fue un alivio tremendo pues duplicó el período de cotizaciones.
Pero eso no bastó. Ni bastará nunca. Pues el sistema de pensiones está montado sobre una base económica que siempre lo hará deficitario, por magos financieros que sean sus administradores. El problema fundamental no es de honestidad en la administración. A quien quiera que se le entregara el sistema, fracasaría tarde o temprano.
Los remedios subsiguientes consisten en aumentar la edad para entrar a devengar la pensión y disminuir el monto de ésta (Ley 797 de 2003) y las subsiguientes propuestas, hasta ahora fracasadas, de ahondar en esos aspectos. Desde luego, a cada nueva propuesta surgen las protestas de quienes ven alejado el día de su pensión y disminuido el monto que recibirán en la vejez.
En materia de salud la cuestión es distinta. Sin duda la Ley 100 permitió que entraran a competir con el ISS las empresas promotoras de salud privadas. Lo que es inexacto calificar como medida cuya única finalidad fuera deprimir al ISS y favorecer a particulares. Bien sabido es que de las primeras EPS algunas colapsaron porque el negocio resultó menos promisorio de lo entrevisto. Todavía siguen las absorciones entre EPS.
El ISS tenía la ventaja de su clientela cautiva pero también la desventaja de su gran número de trabajadores unidos por convención colectiva que le significaba un costo mayor en nómina y prestaciones que a cualquier otra nueva EPS, además tenía ya una infraestructura física suficiente pata atender a su clientela producto del monopolio pero que produciría sobrantes cuando entrara la competencia y perdiera afiliados. Peor si ante la reducción de afiliados, y por consiguiente de actividades y de servicios, no podía reducir personal ni cerrar clínicas ni encoger el pesado y gigantesco aparato administrativo. Y, al parecer, los manejadores del ISS no conjuraron a tiempo las consecuencias negativas del cambio de sistema.
Si a esto sumamos los nada menudos ni raros raponazos estilo Fino, pues la agonía era cuestión de tiempo.
Por otra parte, es justo recordar que el ISS nunca gozó de fama como ágil en prestar los servicios médicos ni en el suministro de drogas. En Cartagena eran visibles las filas de afiliados madrugadores para conseguir una cita médica para quince días o un mes después. Tanta era la ineficiencia, antes de la Ley 100, que muchas empresas asumían el costo paralelo del servicio para sus empleados.
El ISS registra un nuevo episodio de su crisis por causa del sistema de pensiones. Se aplican remedios de emergencia y se le pone a andar y al Gobierno toca prever la próxima caída e ir inventando el siguiente alivio temporal. Es un vía crucis con caídas sin límites porque el país no ha querido ver la verdad de fondo y asumir los costos que la buena marcha del ISS implica.
Si hubieran continuado existiendo las antiguas cajas de previsión de los municipios y departamentos estarían iguales o peores que el ISS. Por las mismas causas. Imposible que cotizando por veinte años el cinco por ciento del sueldo, esa suma diera un rendimiento suficiente para durante esos veinte años brindar servicios de salud al empleado y luego continuárselos prestando de por vida y pagarle una pensión, con el agravante de que esos servicios siguen aún muerto el pensionado cuando deja viuda o hijos menores, así sean adoptados a los ochenta años y el día antes de fallecer el pensionado.
El ISS necesita para que sea exitoso una revisión estructural y sus costos serán inmensos. La reforma que le arregle los problemas necesitará de revisión de la Constitución Nacional para que se pueda consagrar un régimen serio, duradero y al abrigo de los caprichos de gobiernos de turno.
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