Información

Columna de opinión

Por Héctor Hernández Ayazo
mayo 10/2006


Las tragedias siguen su curso


Regresó el invierno, como fatalmente debía suceder, con su desventurado acompañamiento de inundaciones, devastaciones materiales y pérdidas de vidas humanas y animales. Muerte, pobreza y desolación se replican por el vasto territorio nacional.


En gran medida era previsible lo que llegó y lo que va a seguir aconteciendo. En muchos lugares es la repetición calcada de años anteriores casi con los mismos protagonistas y en las mismas épocas. En algunos casos se actúa con irracional reto a las fuerzas naturales, en otros la carencia de recursos obliga a esperar con obstinación resignada los acontecimientos dañosos ya que las víctimas carecen de alternativa. De todos modos lo han de perder todo: o porque se vayan y abandonen lo suyo o porque aguarden para asistir impotentes a la misma pérdida. Éste es un escenario muy frecuente. Labriegos de pequeñas parcelas, propietarios de frágiles viviendas, dueños de pocos animales asisten a su desgracia sin recurso alguno para paliarla. Su confianza es que las cosas sean de otra manera, mejor dicho, que la naturaleza obre de otro modo.


Las quejas y súplicas de los damnificados son las mismas e iguales las respuestas de las autoridades y de las instituciones de socorro. Tímida, aunque masiva, la presencia de la comunidad para paliar los efectos destructivos.


Es un drama anual, que ya se acerca a Cartagena. Cada signo de lluvia intensa obliga a pensar en las gentes que viven encaramadas en las faldas de la Popa, en quienes están debajo de ellas y en quienes pueblan zonas anegadizas. Se sabe que les toca la amarga resignación de temer por lo peor, de sufrir el continuo sobresalto y de confiar en que los rigores naturales mitiguen y con ellos sus padecimientos y pérdidas. También ellas esperan el repetitivo discurso y la calcada asistencia de socorristas, con los mismos pedidos de ayuda y las mismas contribuciones de una comunidad también pobre en su mayor parte.


Pareciera el drama mitológico de Sísifo. Construir para ver luego la destrucción y, sin esperanza de otro futuro, emprender la reconstrucción para que llegue otra vez la devastación y así siga el en carrusel cuyo único fin avizorable es la extinción de las personas, pues remedio hacia las cosas no hay en marcha.


Ya la tragedia de aquel Noviembre reciente en que Cartagena se quedó sin fiestas pasó y el olvido cubrió a los damnificados. Las soluciones de vivienda se quedaron en una maraña de disputas, como si el mensaje fuera que los sin techo debieran cambiar de peligro: el de las lluvias, vientos y derrumbes por el del suelo envenenado. Se paró Colombiatón y que los sin techo sigan aguardando nuevos inviernos.


¿Cuántas casas se han hecho en Cartagena para los necesitados en los últimos diez años? Bien lánguida es la respuesta e inmenso el problema.


Cartagena es una ciudad con un inmenso número de tugurios. Más que la pobreza, campea la miseria en extensas zonas con muchísimos pobladores. Hay urgencia en acometer grandes planes serios para muchísimas viviendas. De eso se habla en foros y talleres. Pero en acción poco o nada se ve. La miseria de las gentes es un tema de discurso. No un capítulo de propósitos de las autoridades. Se enuncia el drama pero no se disponen los medios adecuados para resolverlos.


Para colmo, muchos moradores de Cartagena ignoran, sanamente ignoran esta grave situación. Quizá ello explique que en la ciudad no exista un extendido sentimiento de la necesidad de acometer el tema de la vivienda digna y segura para los destechados. Muchos habitantes de Cartagena desconocen la periferia y limitan su visión a las zonas que se brindan al turista. Muchos siguen creyendo que vivimos en el paraíso terrenal de mar y sol, murallas y fuertes, casas y templos coloniales, calles antiguas y estrechas, porque no le han dado una mirada a esa Cartagena, que es inmensamente mayoritaria en extensión y en habitantes, que crece dentro del peligro y que sigue viviendo con el deseo de que la tragedia no llegue.


La autoridad lo sabe pero su mira está en otras cosas. La falta de techo seguro de tantas personas no es preocupación prioritaria.


Reforma tributaria 2007

enero 26/2007


Como todos los fines de año, el Gobierno, prepara un cúmulo de normas financieras, que aplican para el siguiente período, lo cual se traduce en nuevas cargas para los contribuyentes u obligados a reportes contables o fiscales , así , como a los contadores y revisores Fiscales.
Presentamos a través de 6 Boletines la incidencia y efectos en las obligaciones con el Estado y minimizar el impacto de riesgo, por omisión en las aplicaciones por parte de la Empresa
...

Articulo completo...



Columnas de
Héctor Hernández A.


11/01 Necesidad de Buenos...

Mostrar/Ocultar
Columnas de 2007


Mostrar/Ocultar
Columnas de 2006







REGISTRESE
¿Recuperar contraseña?