Columna de opinión
Por Héctor Hernández Ayazo
abril 19/2006
Hay discursos, los propósitos faltan
Nadie podrá desconocer que nuestras autoridades son prontas para usar la prensa y difundir opiniones sobre los temas que se tratan en voz alta por los medios. Tampoco se puede pasar desapercibida la atención que prestan a quienes recurren a las vías de hecho como modo de pedir y la facilidad con que en esas intervenciones los gobernantes hacen promesas. En cualquier acto público los gobernantes aprovechan la oportunidad para hacer gala de locuacidad, soltar anuncios de obras y realizaciones así como para exaltar su desempeño.
Esa propensión, casi compulsiva, a lanzar declaraciones en modo alguno puede equipararse a buen gobierno o a eficiencia. Lo más probable es que acredita la improvisación en el gobierno. Los gobernantes tratan de resolver la dificultad que tienen al frente, de paliar el descontento de una comunidad, de agradar al auditorio y todo ello desligado de planes efectivos.
Hablar de propósitos supone que se tengan conceptos claros sobre metas definidas así como determinadas acciones concatenadas para lograr el fin buscado y mantener los logros alcanzados. Así, propósitos en materia de espacio público suponen la existencia de criterios diáfanos sobre el empleo del espacio público, métodos y recursos para su recuperación, programas para su conservación. Eso es lo que podríamos llamar una política sobre espacio público, política que debe traducirse en una constante y coherente acción.
Pero no podemos hablar de propósitos reales cuando la acción de los gobernantes es un desordenado conjunto de decisiones, en veces contradictorias, en veces desiguales, que parecen dictadas por las conveniencias particulares, por los caprichos de quien ejerce la autoridad o por simple improvisación.
Por eso, acierta quien diga que Cartagena vive en la alucinación del discurso de sus gobernantes, sin que existan verdaderos propósitos. Así lo testimonian las obras públicas inconclusas algunas de las cuales tienen ese carácter de abandonadas desde hace más de un decenio, como el Paseo Peatonal de Marbella, como la demolición del viejo Puente Heredia, junto a otros temas de ordenamiento urbano como los sitios de paradas de buses, como la implementación del taxímetro, como los vendedores estacionarios en las aceras.
Baste un ejemplo: en su segunda y truncada alcaldía, el doctor Curi Vergara hizo el compromiso de resolver el problema de los vendedores estacionarios en las aceras y para comparar modelos de acción viajó a Lima. Se fue el doctor Curi Vergara de su segunda alcaldía, pasaron los años, llegó a la tercera y el problema persiste y agravado.
La constante de nuestra vida departamental y distrital es la falta de propósitos serios y coherentes en los gobernantes, así aleguen lo contrario. Mientras mantengamos esa ausencia de propósitos es difícil hablar de buenos gobiernos y más difícil lograr dar los vuelcos que requieren el departamento y la ciudad.
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