Ya muchos hispanoparlantes han olvidado que la “ch” es una letra de nuestro abecedario. Es frecuente que en catálogos e índices, las palabras que se inician con “ch” sean colocadas entre las que principian por “ce” y las que principian por “ci”, como si se trata de una simple “c” seguida de “h”. Es una moda creciente y, de seguro, acabará con los catálogos e índices en que la “ch” tiene puesto aparte entre la “c” y la “d”.
Ante la fuerza de los hechos y teniendo en cuenta que el idioma es un elemento vivo, de creación permanente del pueblo, la aceptación de esta situación es útil para evitar complicaciones innecesarias en el manejo de listas, diccionarios, catálogos, índices, bases de datos y demás enumeraciones alfabéticas. Además, fuera del histórico la autonomía de la “ch” como letra no reviste ningún otro valor.
Estamos asistiendo, cuando no participando de modo activo, en la construcción de un nuevo léxico poblado de términos que desairan los vocablos castizos, pero que la repetición de los comunicadores integran al vocabulario común. Si las modas no cesan, terminan desalojando palabras que hasta hace poco miramos como de castellana estirpe. Veamos algunos casos.
En el lenguaje de hoy nada se protege, sella, impermeabiliza o cura, ni se toman remedios contra males: no, todo “se blinda”.
Ya los gobiernos y entidades carecen de cabezas rectoras, hoy por obra de los comunicadores los gobiernos y las instituciones están “en cabeza de”.
A nadie se denuncia, se demanda, se le investiga o se le procesa. Ahora, en el nuevo lenguaje, personas y cosas se “judicializan”.
Ni qué decir de la transmisión de ideas, pues ya nadie informa, comunica, traslada, da a conocer, ni enseña, ni participa a otros sus pensamientos o conocimientos, ahora “se socializan”.
Siguiendo la misma línea a nadie se denuncia, se demanda, se le investiga o se le procesa. Ahora, en el nuevo lenguaje, personas y cosas se “judicializan”.
Basta leer cualquier impreso o escuchar una exposición en radio o televisión para palpar nuevos términos que sustiuyen vocablos de vieja tradición y aceptación.
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