Desde 1937, la ley ordenó el angostamiento de los caños de la ciudad, comenzando por el punto de confluencia del Juan Angola con el mar y hasta llegar a su salida a la bahía de Cartagena. La obra debía comprender el terraplenado, la construcción de vías y urbanizaciones.
La Vía Perimetral es una calle angosta construida en un pequeño segmento con difíciles accesos. Cuando se termine, le faltan tres cuartas partes, será insuficiente para el tránsito que debe albergar.
Algunos quieren celebrarla como una gran obra. Se repite la miopía de hace veinte años con el llamado Anillo Vial, obra que debió realizarse con dos calzadas, y cuya estrechez hoy es patente. Esa misma miopía impidió ver que la llamada Variante a Gambote era insuficiente para el tránsito que se esperaba.
Se adelantan unas obras y se planean para pronto otras que harán rápida la llegada al puerto de Buenaventura desde los centros de producción del interior del país. Para las carreteras que de esos mismos lugares mueren en la Costa Caribe pocos anuncios hay. Tampoco vemos la amenaza que para los puertos marítimos costeños envuelve esta política oficial.
Cartagena tiene que dejar el hábito de contentarse con poco. Para ello requiere que sus orientadores políticos, económicos, empresariales, académicos, religiosos, cívicos y del trabajo se impregnen de sana ambición y de espíritu de emulación.
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