Poesía

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Poesías del autor

Martín Salas Ávila


ROCK DE LA MAÑANA

La emisora te recuerda Gilmour
También a morrison, en el centro de esta mañana
Soy un montuno en medio del dolor de la guitarra

Y nombro las estaciones
Pero de verdad lo que busco en esta ciudad fría, es el mar
Un punteo que dice:
Como desearía que estuvieras aquí
Qué decir de la batería cálida,
la voz del que habla de la muerte
¿Eres tú, Jim?
Sí, es él y también soy yo entre sus manos
Parecerá extraño, pero lo tuyo es la oración
Creer en tu corazón
en la sinceridad de tus palabras
Cómo decirlo
Es la misma estación y no es la misma
Tú cantas y no estallo, escribo
Que rápida esta batería, al final; sí, el final.

no me abandones ciudad
con las palabras necesarias
para seguir nombrando
tus autos, las nubes
eres la ciudad
el hallazgo del suicida
eres kurt, con
los ojos de siempre
y el mundo se consuela
con las nubes blancas
el sol
las piruetas alegres
que no le interesan a kurt
no hay traducción posible
las gavetas se cierran
y construyen la soledad
que no debe nombrarse
si, han vuelto las palabras
no, ha vuelto la muerte
la música los dedos los pelos
del ano que saben resistir
y tocar muy bien la guitarra
hacer de la mañana
un territorio libre de esperanzas
sólo, sólo las paredes contra el mundo
corregir salto invoco
la sabia forma de hacernos olvidar
vibrando también con el radio
esas cosas que suceden
cuando nada sucede
el renglón la sílaba la nota
que se alargan y regresa
una señal torpe para la d  i  s  t  o  r  s  i  ó  n
el camino es habitante
de la radio y el lenguaje
mirar lejos como un oficio preferido
duermen las palabras
toda la maldición
que tus cantos nombran
regresa guía la obsesión cotidiana
el diálogo de mis zapatos
la batería
los sonidos que la vida nos depara
en retaguardia son los besos
el silencio y el semen que guardamos
para cuando tu seas lo más alto
el pájaro que se asoma por la ventana del Computer
los edificios el viento del domingo
para subir las escaleras
y comprobar que como tú lo has querido,
todo se pudre.

Hay un dios del olvido recogiendo pequeñas ceremonias:
Un zapato y una palabra de la infancia.
Todo lo conserva en una casa llena de música.
Este dios se basta con su cuerpo de hombre mayor,
temas de Soda, Nueva Trova
y Pink Floy, los domingos por la mañana.

Homilías de silencio.
Pequeñas olas.
Un gran dios repleto de rosas y excrementos.

Mis amigos me han dicho: te damos música de the doors,
te dejamos solo, durante 5 minutos y nos escribes una canción.
Yo acepto y el primer tema que escucho es When the musics over.

Mis amigos mueren atropellados por un carro fantasma;
sus familiares culpan al rock. Un grupo de rokeros
descabezan a los familiares de mis amigos,
como una forma de protesta.


A los 5 minutos mis amigos regresan diciendo que vieron
a unos descabezados en la calle y me recuerdan,
que el gobierno ha prohibido, escribir canciones de rock.

¿Dónde dejo caer esta brisa y estos árboles?
¿ Dónde dejo caer el rock,
de esta tarde introducida en mi estómago?
¿Dónde dejo caer este horizonte?