Poesía

Nuestra BIBLIOTECA VIRTUAL



Poesías del autor

Martín Salas Ávila


AMÉRICA

El escritorio y un poco de calor

Llega la cumparsita y toda la tristeza
para quien habita la penumbra

Pero algo se alegra en
el corazón del hombre
Las voces que cantan,
son negros, indios, blancos
y vendrían a ser verdes, azules,
en el mar y la montaña

Algo fue sustraído del árbol y del agua
Y la piedra, testigo de todo silencio
nos trae la enseñanza del pez,
de aquel pájaro cansado en el crepúsculo

Eso somos en la América que respira,
en cada hombre y en cada mujer:
cumbia, candombe
o canto de niños muertos.

Parte el día
y llegan los malestares del cuerpo y del alma
( damos testimonio de lo inútil,
la mano que escribe es la que sufre)
Hay un dictado entre las nubes
(son los pájaros que parten hacia otros mares)
ellos viven sin la preocupación de la memoria

Ellos prosiguen a través de la noche,
el oficio de ser y vivir,
bajo el sol y las estrellas.

Quién soy, me pregunta Oliva
Y palpo mi rostro,
miro mis uñas mordidas

Ahora cuando el tiempo parece detenido
y no es suficiente una metáfora
para decir quién soy,
contemplo la extrema quietud de las hojas

Vendrá la noche Oliva
Y no tendré aún la respuesta
Quizás de madrugada- digo-

Ahora soy un recién llegado,
un forastero que habita una casa solitaria,
con un reloj atrasado y una terraza
que nadie ha barrido

También soy el niño y el hombre
que le teme a la oscuridad de esta casa
¿ De quiénes son estos retratos
y estos crucifijos ?
¿ Quién estuvo antes en esta cama,
entre estas sábanas ?

Me extravío en la palabra
( no hay respuesta )

La misma pregunta
confundiéndose con el calor
de estas tierras,
en estos pueblos inmóviles

Oliva ¿quién ha contado la historia
de estos veranos?
Me desvelan todas estas criaturas
Aspiro al valor y a la confianza del alba
Somos dueños de lo irremediable
Ninguna inocencia nos salva

Oliva, cuánto me alejé de tu pregunta

Llegan los primeros cantos
soy otro frente a la luz del día. Duermo.
El dolor es el hallazgo de la memoria.